El segundo asalto televisivo de la campaña ha confirmado que en San Telmo han optado por el guante blanco y el perfil bajo. Juanma Moreno (PP) ha vuelto a desplegar su estrategia de «escurrir el bulto», tratando de evitar el cuerpo a cuerpo directo para refugiarse en el silencio y en promesas de estabilidad. Así lo hizo en el debate del 4 de mayo cuando aseguró que iban a peligrar las oposiciones de empleo público si no lograba una mayoría.
Si el objetivo de Moreno era salir indemne, se ha encontrado con un escenario hostil en el que se ha intensificado el tono del primer cara a cara. El popular ha terminado por momentos bloqueado, incapaz de dar respuesta al fuego cruzado de una izquierda que ha decidido jugar en equipo al mismo tiempo de las críticas de Manuel Gavira (Vox), cuyo discurso ha marcado claras distancias con el resto de formaciones pero que, una vez más, ha sacado a la palestra su «prioridad nacional» en el tono más xenófobo posible. Moreno ha resultado ser un presidente que mira a cámara con la calma de quien se sabe por delante en las encuestas, ignorando los dardos de la oposición. También los de la ultraderecha, a pesar de la posibilidad de que necesite su apoyo para conformar gobierno. Ha decidido evitar confrontar.
La sanidad ha sido, de nuevo, el tema estrella. La oposición ha pedido explicaciones por el cribado del cáncer de mama, exigiendo la responsabilidad por las muertes, a las que Moreno ha respondido con un escueto «no me constan fallecimientos», así como con un plan de choque que José Ignacio García (Adelante Andalucía) ha asegurado que no se ha puesto en marcha. «Si sabe las cifras [de las afectadas por los cribados], entonces, ¿por qué no las da?», le ha replicado Montero al presidente. «Todos contra mí, evidentemente», se ha quejado Moreno ante el acorralamiento. «Usted es el presidente de la Junta», le ha recriminado la izquierda.
Moreno, en su defensa, habló de las víctimas del accidente de Adamuz, exigiendo a Montero explicaciones sobre lo sucedido. La candidata socialista ha defendido toda la gestión del Gobierno central a pesar de las acusaciones de Vox y el Partido Popular. «Toda la verdad la conoceremos, también lo que ocurrió en el 112», le ha replicado en referencia al servicio de emergencias, pues varios afectados denunciaron que no tuvieron contacto con el Centro de Coordinación (ambos organismos dependientes de la Junta).
Ha llamado la atención el tono más pausado de Antonio Maíllo (Por Andalucía), menos pendiente del golpe inmediato que en la anterior ocasión, conectando sanidad, vivienda y otros asuntos sociales en una crítica estructural al modelo del PP. José Ignacio García, en cambio, ha optado por seguir su línea más combativa, buscando diferenciarse respecto a la confluencia de izquierdas.
Los candidatos han confrontado y se han interrumpido sin parar. Varios zascas propios de cortes para redes sociales que no necesitaron la intervención de los periodistas moderadores, Fernando García y Blanca Rodríguez, más que para señalar reiteradamente el tiempo restante. Este encuentro pone fin a los cara a cara entre los candidatos a menos de una semana de los comicios en los que se decidirá el futuro de Andalucía. El debate ha sido más áspero que útil, con momentos de tensión pero con pocas propuestas desarrolladas con profundidad y con candidatos más preocupados por dejar frases reutilizables en lo que queda de campaña que por explicar medidas concretas. También mucho foco en la política nacional y los escándalos, olvidando el tono andaluz de los comicios. La oposición ha logrado algo más importante para ella que ganar un debate: instalar la idea de que la sanidad pública es ya el principal desgaste político del Gobierno andaluz.

