El Parque Nacional de Doñana afronta la llegada de la primavera con expectativas positivas tras un invierno especialmente lluvioso que ha permitido recuperar buena parte de la marisma y mejorar las condiciones para la reproducción de numerosas especies. Las lluvias registradas durante los últimos meses han dejado cifras que no se alcanzaban desde hace más de una década, lo que ha supuesto un respiro para uno de los espacios naturales más valiosos de Europa.

Según los datos recogidos por el Entorno Natural de Doñana, hasta el mes de febrero se registraron 582 litros por metro cuadrado en la Estación Agroclimática del Ifapa situada al norte de El Rocío. Por su parte, la Estación Biológica de Doñana contabilizó 517,6 milímetros hasta mediados del mismo mes, una cifra muy superior a la media habitual para estas fechas y claramente por encima de los 307,9 milímetros registrados el año anterior.

Estas precipitaciones han permitido que alrededor del 90% de la marisma haya permanecido inundada durante el invierno, con niveles que en algunos puntos han alcanzado hasta 90 centímetros de lámina de agua fuera de los cauces. Un escenario que, según los expertos, resulta fundamental para el mantenimiento de la biodiversidad en el espacio protegido.

El director de la Estación Biológica de Doñana, Eloy Revilla, ha señalado que tras este periodo húmedo se abre una etapa con «muy buenas perspectivas para esta primavera, tanto en vegetación como en las especies que dependen del agua». En este sentido, ha explicado que Doñana es un ecosistema muy condicionado por la disponibilidad hídrica, por lo que la abundancia de agua resulta clave para la dinámica natural del parque.

El cambio de tendencia comenzó ya durante la primavera pasada, también relativamente húmeda, lo que permitió frenar la degradación que estaba sufriendo el espacio natural tras varios años de sequía. El otoño y el invierno han consolidado ahora esa evolución positiva.

Recuperación de las aves acuáticas

Uno de los indicadores más claros de esta mejora es la recuperación de las aves acuáticas. Durante el Censo Internacional de Aves Acuáticas (IWC) realizado en enero de 2026, el equipo de monitorización ambiental de Doñana contabilizó 385.649 aves pertenecientes a 88 especies.

Aunque la cifra todavía queda lejos del máximo histórico registrado en 1989 —cuando se superaron las 684.000 aves en el censo aéreo—, los especialistas destacan que los datos actuales reflejan una tendencia claramente positiva, especialmente si se comparan con los mínimos históricos de los dos años anteriores, cuando la sequía redujo drásticamente la presencia de aves en la marisma.

Comienza el ciclo reproductivo

Las señales de la llegada de la primavera ya empiezan a percibirse en el ecosistema. Según los científicos, la vegetación herbácea está creciendo con fuerza, los árboles y el matorral han comenzado a brotar y la floración es ya abundante en distintos puntos del parque.

Este proceso es el punto de partida de toda la cadena ecológica. Tras la floración llega la reproducción de insectos y, posteriormente, la de aves y otros animales que dependen de la abundancia de alimento en el campo. El agua actúa como motor de este ciclo natural que se repite cada año con gran intensidad.

No obstante, los expertos advierten de que el año hidrológico aún no ha terminado. Aunque las precipitaciones registradas permitirían sostener el ecosistema durante varios meses, sería conveniente que siguiera lloviendo durante la primavera, aunque de forma moderada.

Las lluvias excesivas en pleno periodo de nidificación pueden provocar la pérdida de nidos. De hecho, el año pasado se produjo un episodio de precipitaciones intensas cuando muchas aves ya estaban criando, lo que provocó la inundación de la marisma y la pérdida de numerosas puestas.

Los problemas estructurales siguen presentes

A pesar de la mejora coyuntural provocada por las lluvias, los científicos recuerdan que los problemas estructurales de Doñana siguen sin resolverse. Entre los principales retos se encuentra la recuperación del acuífero que alimenta muchas de las lagunas del parque, un proceso lento que todavía está lejos de alcanzar una situación normalizada.

Además, el espacio natural se encuentra rodeado de múltiples presiones derivadas de la actividad humana. La cuenca del Guadalquivir, las grandes ciudades cercanas, los polos industriales o la agricultura intensiva en la comarca influyen en el equilibrio del ecosistema.

Entre las preocupaciones actuales también figura la entrada de contaminantes, un problema que puede agravarse cuando la disponibilidad de agua es menor, ya que aumenta la concentración de estas sustancias.

Por ello, los expertos insisten en que todavía es pronto para afirmar que la crisis hídrica del parque esté superada. El comportamiento del acuífero y la evolución de las lluvias durante los próximos meses serán determinantes para confirmar si esta recuperación se consolida.